Este post es la 1ª parte de una serie de artículos que serán catalogados bajo el siguiente link. ¡CLICKEALO para leer las demás partes según vayan siendo publicadas!
Nuestra
saga comienza un nevoso día domingo de noviembre en un centro comercial mediocre de Cualquierlado, Estados Unidos. Tras una entrevista apresurada, test antidoping y averiguación de antecedentes, nuestro intrépido héroe recibe un sombrero de ala ancha y un holgado disfraz verde. Le dicen que el trabajo es suyo y que vuelva al día siguiente. Durante el mes subsiguiente, sin razón evidente, escribió un diario que quedó olvidado y sin amor en un disquete perdido… Hasta ahora.
Lunes, 1º de Diciembre:
Soy un elfo. Técnicamente, se supone que soy el elfo jefe o algo así, pero nadie realmente me dio instrucciones sobre qué carajo tengo que hacer. Recibo órdenes de un gordo careta cuya apariencia hace pensar que debería estar dirigiendo un carnaval de baja estofa o un club de striptease de baja estofa. Alguno de los dos. Como sea, él aparece cada noche y se lleva el dulce dinero de las Fiestas, y no lo vuelvo a ver hasta la noche siguiente.
Estoy casi seguro de que soy algún tipo de gerente de algo, aunque todos los demás empleados están acá desde antes de Acción de Gracias. Mi predecesor en el puesto se rajó. Mis compañeros de trabajo, o más bien subalternos, ya saben la rutina, y yo quedo reducido a las tareas de arrear niños y tranquilizar adultos furiosos (que es muy parecido a arrear niños). También calcular cronogramas y dinero y otras cagadas. Nuestro personal incluye una manada de chicas de dieciséis años, un plantel rotativo de unos tres fotógrafos, y por supuesto Santa Claus. El sitio entero está engalanado para que parezca un bosque de bastones de caramelo por donde pasó un huracán. No hay mucho más que mencionar por ahora, a excepción tal vez de la Cabaña, que se parece a un decorado de escenografía, con las ventanas pintadas de blanco, dos bancos a lo largo de las paredes y unos cuantos armarios contra la pared opuesta a la puerta. Algo bastante robusto.
Sí,
me veo obligado a usar un disfraz.
Martes, 2 de Diciembre:
Si tengo que oír “Jingle Bell Rock” una vez más, alguien va a morir.
(sigue más abajo)
Sábado, 6 de Diciembre:
Creo que ya sé qué es lo que me
molesta de Santa: el tipo nunca se levanta para ir a orinar. Durante la semana lo vi bajarse quichicientos litros de líquidos, pero nunca fue al baño. A mi modo de ver, o el chabón tiene una vejiga con la capacidad de un super-camello (el tipo de camello al que otros camellos inmortalizan en sus cuentos sagrados) o se construyó un enrevesado sistema de catéteres. En este último caso, ojalá haya tomado precauciones contra la perforación. Dudo que nos dejen seguir operando acá si Santa apesta a orina. Su traje ya de por sí apesta a orina, pero eso es de esperarse. De hecho, todo este sitio huele como una guardería. Creo recordar haber visto algo parecido a un aerosol industrial de menta mientras revisaba los armarios; probablemente debería recurrir a él. Dentro de todo, este trabajo habría sido pan comido de no ser por los clientes y su condenada progenie.









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