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El alcohol es una droga maravillosa para socializar. Un mano a mano con Santa Claus, tomándonos un aguardiente, resultó de lo más informativo.
En la columna de cosas de las que ya me debería haber dado cuenta: esta operación viene jodida más allá de lo imaginable desde mucho antes que me contrataran. El otro tipo que estaba antes se rajó porque estaban por caerle encima acusaciones de estupro, y eso, amigos míos, también explica sus métodos de reclutamiento. A mí ya me parecía que algo andaba mal, pero sospechaba del Gordo porque, en fin, ¿cómo no sospechar de él?
En la columna de cosas que yo jamás habría sabido: Santa se puso a hablar de unos tipos con los que anduvo a fines de los años ’60. Un nombre sobresalía: Sonny Barger. Para quienes no estén tan duchos como yo en mitología de la era ácida de los ’60, de ser cierto ello significaría que Santa anduvo con los Ángeles del Infierno cuando eso significaba algo. Se coló ácido con los Merry Pranksters, fue a fiestas con Hunter Thompson y Allen Ginsberg, y sin duda tiene un prontuario más grueso que La Guerra y La Paz. No sé, admito que el viejo puede estar jodiendo con mi mente, pero parece tener la edad correcta y además anda en motocicleta. También tiene algunos tatuajes obscenos, aunque no podés verlos cuando usa mangas largas. Hasta tiene las venas hechas mierda, aunque asegura que las marcas más recientes son de donar plasma. En definitiva, ni siquiera estoy muy seguro de que el centro comercial haya recurrido a una de esas agencias de Santa. Por lo visto, nomás agarraron al primer tipo barbudo que se les cruzó. No me malinterpreten: me alegro de haber conocido a Santa, pero creo que ninguno de los clientes se alegraría si supiera en la falda de quién está sentando a sus niños.
Miércoles 17 de Diciembre:
¿Qué carajo le pasa a esta gente? Hoy tuve que ver cómo uno de los pequeños bastardos se cagó a mitad de la fila. Simplemente se puso en cuclillas y defecó en el suelo. El niño tendría seis o siete años, y su madre estaba parada ahí mismo. Por si fuera poco, ella hasta tuvo las agallas de ponerse a discutir a gritos conmigo por lo ocurrido. No sé si ustedes estarán al tanto, pero “TU HIJO ACABA DE CAGAR EN EL SUELO” es la mejor contestación multiuso de todos los tiempos:
- ¡No pienso limpiarla!
- TU HIJO ACABA DE CAGAR EN EL SUELO.
- ¿¡Puedo hablar con tu gerente!?
- TU HIJO ACABA DE CAGAR EN EL SUELO.
- Muy bien, ¡acabas de perder un cliente!
- TU HIJO ACABA DE CAGAR EN EL SUELO.
Repetir hasta que seguridad los saque a la rastra. Y entonces surge el asunto de limpiar la mierda. Intenté delegar. Intenté delegar con todas mis fuerzas. La panda de chicas de dieciséis años dijeron todas que renunciarían. Toto Foto y Santa seguían trabajando porque la gente de la fila simplemente esquivaba la cagada. Así que agarré una bolsa y me encargué de la cosa estilo Ziploc al revés, dejé ir el enchastre completo por el inodoro (con bolsa y todo), y yo solito le quité varias décadas de existencia a la capa de ozono recurriendo al aroma de pino en aerosol. Chupate ésa, medio ambiente.










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