CóMO ABRiR UNA PANCHERíA (parte 3)

EL MEJOR BLOG DEL UNIVERSO les desea una Feliz Navidad a todos sus lectores y se ofrece a alegrársela invitándoles a leer EL PAíS DE LAS MARAViLLAS: UN CUENTO sobre EL LADO OSCURO de la NAViDAD.

La Parte I de esta saga explica los preparativos previos que se requieren para instalar una panchería en una feria, y la Parte II detalla su puesta en marcha el primer día.

Día 2

01-tornado-el-mejor-blog-del-universoDurante el que sería el segundo día de la feria, un huracán azotó nuestro pueblo, con casi tanta intensidad como el tornado de tres años antes, cuando la recién inaugurada Costanera del Río Quinto fue destruida totalmente por la crecida de este último. Obviamente, mientras la mitad de los ranchos del pueblo se volaban, la feria no abrió y nosotros nos quedamos en casa, temiendo más por nuestras propias vidas que por lo que le sucediera al puestucho de panchos.

Día 3

02-inundacion-en-villa-mercedes-el-mejor-blog-del-universoLa tempestad amainó para la madrugada, por lo que a la tarde Tadeo y yo nos fuimos para la feria –esta vez un rato antes de la hora de apertura– y ahí evaluamos los daños. El lugar era un caos: muchos puestos se habían derrumbado y a los que seguían en pie se les habían volado gran parte de los techos, lonas, carteles y toldos, todo lo cual se hallaba desparramado y esparcido a lo largo y ancho del predio. 03-ruinas-huracan-el-mejor-blog-del-universoMilagrosamente, nuestro garito seguía entero y en su sitio, con sus inmensas y pesadas puerta y ventana de madera aún sujetas firmemente con las lingas de bicicleta. Adentro estaba todo desordenado, tal como lo habíamos dejado. Abrimos una cerveza y nos instalamos.

Si bien el día estaba soleado, la tormenta había dejado un viento helado que soplaba con bastante fuerza, y no tardamos mucho en empezar a cagarnos de frío tras la enorme abertura de nuestra tienda. No podíamos volver a poner la cubierta de madera para guarecernos porque significaría cerrar el negocio, y de todos modos sus listones de madera estaban tan separados que el viento entraría como si nada. Una vez más, salvamos la situación valiéndonos de nuestro inagotable ingenio para idear un plan de contingencia. Recolectamos varios de los carteles que había tirados por ahí y un gran04-rancho-de-varios-pisos-el-mejor-blog-del-universo nylon que debió haber sido el sobretecho de alguna carpa. Nos guardamos el nylon para después y usamos los carteles, uniéndolos entre sí con clavos, para construir un parapeto que montamos sobre el marco inferior del escaparate del puesto. Eso nos cubriría del viento, que correría sobre nuestras cabezas mientras permaneciésemos sentados, sin impedirnos atender a los clientes que acaso vinieran.

05-bidon-de-nafta-el-mejor-blog-del-universoA lo lejos vimos venir a un grupo de pendejitos, seguramente brotados de alguna de las villas aledañas, que parecía merodear por el predio desierto buscando cosas fáciles de robar entre las ruinas de la feria. Cuando vieron que estábamos en la garita, se acercaron a pedir: “¿Nos dan plata?” “No.” “¿Panchitos?” “No los regalamos; los vendemos.” “¿Cerveza?” “Tampoco.” “¿Tenés aunque sea un vaso de agua?” Ante tanta insistencia, de muy mala gana, Tadeo sirvió en un vasito chico un poco de agua, del bidón de la que usábamos para hervir salchichas, y se lo dio al pequeño negociador. Éste tomó un sorbo pero lo escupió de inmediato, gritando “¡Hijo de puta! ¿Qué mierda me diste? ¡Me querés envenenar!” tras lo cual nos revoleó el vaso de agua, que reventó contra la casilla, y se alejó llevándose a sus secuaces consigo. Tadeo y yo quedamos asombrados por la reacción del pibito y se nos ocurrió abrir el bidón de agua: su interior olía a nafta. Ese bidón resultó ser el que la madre de Tadeo solía llevar en el baúl de su auto con combustible de reserva para cuando se le olvidaba pasar por una estación de servicio, y Tadeo lo había usado para cargar agua sin enjuagarlo antes. Finalmente habíamos descubierto el 06-pendejos-tirando-piedras-el-mejor-blog-del-universoverdadero secreto que hacía que nuestros panchos fueran deliciosos. Antes de que pudiéramos decidir si putear o reírnos, sentimos que nuestra casilla estaba recibiendo golpes: los pendejos se habían puesto a apedrearnos desde lejos. Si creyeron que estaban a una distancia segura se equivocaron, porque Tadeo y yo salimos de la casilla y les tiramos piedras a ellos hasta que rajaron.

07-karaoke-chicas-el-mejor-blog-del-universoAparentemente, una de las atracciones de esta feria iba a ser un concurso de karaoke. No lo sabíamos pero nos enteramos a poco de abrir la feria, cuando empezamos a escuchar que, desde el escenario, atrás del mangruyo, emergían por un altoparlante las voces más farragosas, resquebrajadas, prepubescentes, desafinadas y decididamente horripilantes que hubieran podido atreverse a interpretar los hits juveniles del momento (¿se acuerdan de los Mambrú y las Bandana?). Rebautizamos al08-karaoke-chupando-microfono-el-mejor-blog-del-universo certamen como no de karaoke sino de KARA-DUR-OKE por la cara dura que tenían esos niños al cantar tan mal sabiendo que castigaban los oídos de todo infeliz en un radio de 6 cuadras. Nuestra panchería estaba a menos de 50 metros y la cantinela duró al menos otras 4 horas.

09-vanesaalba4-el-mejor-blog-del-universoDurante un buen rato no se vio ni un alma por el predio (los villeritos y los borregos del karaoke no cuentan porque eran unos desalmados, al igual que nosotros). De a poco empezó a entrar y a pulular algo de gente: la mayoría eran feriantes que, como nosotros, venían a ver qué había quedado de sus puestos. La primera persona en acercarse a nuestro puesto fue una minita de jeans ajustados que resaltaban su hermoso culo de manzana (y eso que, en esa época, todavía no estaban de moda los “segunda piel” que hasta dejan ver si a la mina ya le estrenaron el agujero del orto). Esta chica no era una clienta sino una conocida de Tadeo –éste, de algún modo, parecía conocer a todas las minas del pueblo–, se llamaba Vanesa y, al ver 10-trasero-de-manzana-el-mejor-blog-del-universoque estábamos tomando cerveza, pidió entrar a la casilla para chupar de arriba, a lo cual la invitamos gentilmente (fue una pena que no se ofreciera a chupar otras cosas). Días después de la feria, Tadeo me contó que la había invitado a su casa y se la había cogido. Un par de años más tarde volví a cruzarme con Vanesa en la calle, me dio su MSN y la invité al bar El Viejo Molino a ver juntos el partido de su equipo favorito (y eso que aborrezco el fútbol; a veces uno hace cualquier cosa por amor). Al finalizar la cita, ambos con varios tragos encima, creo que me anticipé un poco al momento de agarrarle el culo y la velada terminó sin sexo, ni beso de despedida, ni que volviéramos a hablar jamás.

11-vanesa-el-mejor-blog-del-universoVanesa se quedó un rato charlando con nosotros hasta que tomó suficiente cerveza y se fue. Minutos después se nos acercó otra chica, también bastante atractiva, un poco más alta que la anterior aunque sin tanto culo ni tetas prominentes que la hicieran especialmente deseable. Parecía simpática; nos contó que trabajaba en otro puesto, el cual se había volado en buena parte, y mostró interés en nuestro negocio (aunque no nos compró nada). Casualmente, también se llamaba Vanesa. Conversó con nosotros hasta que, cuando notó que sus encantos de promotora hacían mella en nuestras masculinidades, nos tiró la bomba que traía preparada: uno de los carteles que estábamos usando como parapeto –para colmo el más grande– pertenecía a su puesto y quería que se lo devolviéramos. Tuvimos que dárselo –aunque con agujeros de clavos– y apenas ella lo tuvo en sus manos dio la vuelta y se fue, dejándonos a merced del viento con la mitad del parapeto original, 12-LV-15-radio-villa-mercedes-el-mejor-blog-del-universoreducido a dos cartelitos, uno de los cuales yo me llevé de recuerdo después y lo guardé en un desván durante muchos años.

Como era de esperarse, ese día muy poca gente fue a la feria y, en consecuencia, no vendimos mucho. La hora de cierre nos sorprendió a mitad de una cerveza y decidimos quedarnos a terminarla. Seguía soplando viento frío, por lo que, antes de montar los cerramientos de madera, los recubrimos con láminas del nylon que habíamos conseguido antes. Así, una vez cerrada, la casilla quedó prácticamente aislada del frío exterior, y usando el anafe como estufa logramos hallarnos por primera vez a gusto tras un día realmente duro. Tan bien estábamos que al terminar esa cerveza abrimos otra. De repente alguien tocó a la puerta: era un vigilante que venía con la intención de echarnos; sin embargo, se ve que lo conocía a Tadeo, porque lo saludó como a un amigo de toda la vida, y entró a instalarse con nosotros. Este vigilante, paradójicamente, era nada menos que The Bear, un reconocido personaje de los 14-caja-caliente-hotbox-el-mejor-blog-del-universobajos fondos del pueblo, referente indiscutido en todo lo que fueran vicios, y amigo personal de Tadeo. Así en confianza, The Bear peló un baguyo de marihuana, se armó una macoña y empezó a fumársela. El humo, al estar confinado en nuestro ambiente cerrado, pronto lo colmó y comenzó a recircular por los pulmones –y cerebros– de todos los presentes, ya fuesen fumadores o no.

15-vieja-histerica-el-mejor-blog-del-universoNuestro viaje inesperado fue interrumpido por más golpes en la puerta de la casilla; esta vez más intensos, furiosos, insistentes y frenéticos. Tadeo entreabrió la puerta, para que desde afuera nadie sintiera el olor a porro, y desde afuera una mujer entrometió tanto como pudo su cabeza: era la madre de Tadeo, en pleno ataque de histeria, con una mirada asesina en su cara roja de ira, gritándonos “¡Pero pendejos de mierda! ¿Qué carajo están haciendo acá, a esta hora, y encima con el vigilante? ¡Por su culpa unos borrachos se colaron en la feria a hacer destrozos! ¡Mañana van a ver lo que es bueno! ¡Ahora muevan el culo y rajen de acá para sus casas! ¡¡¡PERO YA!!!” Gritó unos minutos más y luego se volvió hacia su auto, aún puteando y gesticulando. Antes de subirse, le apuntó con el dedo a su hijo y le dijo “Vos ni sueñes con que te lleve: ¡te vas a volver igual que te viniste!”, luego arrancó y se fue, haciendo chillar las gomas. Shockeados por la escena, resolvimos que lo mejor que se podía hacer con un día tan malo era ponerle fin, y nos fuimos cada uno a su respectivo hogar, ansiando reivindicarnos al día siguiente (el cuarto y último de la feria).

La Parte IV de esta saga narra la emocionante conclusión de la odisea panchera.

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Acerca de Rodolfo Raso

¡Soy el que escribe EL MEJOR BLOG DEL UNIVERSO!
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